Hay seres en la naturaleza cuya existencia es sencillamente fascinante. Con sus tres corazones, su sangre azul y una presencia que no se parece a nada, los pulpos son verdaderos héroes de las profundidades, también en los mares de México.

Cada 8 de octubre se celebra el Día Mundial del Pulpo, una oportunidad perfecta para adentrarnos en su mundo, admirar sus capacidades únicas y recordar que cada vida animal merece ser respetada y valorada por sí misma.

La biología del pulpo es una maravilla de la evolución y una muestra de la enorme diversidad de la vida en el planeta:

  • Tres corazones y sangre azul. Dos corazones bombean la sangre hacia las branquias y el tercero la reparte al resto del cuerpo. Su sangre lleva hemocianina, una proteína a base de cobre que le da ese tono azulado.
  • Mentes en cada brazo. Tienen un cerebro central, pero casi dos tercios de sus neuronas están en los brazos. Por eso cada brazo puede tocar, “saborear” y reaccionar con bastante independencia.
  • Maestros de la transformación. Gracias a los cromatóforos de su piel, cambian de color en una fracción de segundo y modifican la textura del cuerpo para camuflarse entre rocas, corales y algas.

Los pulpos son seres sintientes: pueden experimentar dolor, placer y curiosidad por lo que los rodea. Aunque suelen ser solitarios, la ciencia ha observado que pueden reconocer a individuos concretos, recordar interacciones y mostrar personalidades bien definidas.

El informe de la London School of Economics (LSE) sobre sintiencia en cefalópodos y decápodos, de 2021, revisó cientos de estudios y concluyó que hay evidencia sólida de que los pulpos pueden sentir dolor. Ese trabajo fue clave para que el Reino Unido los reconociera como seres sintientes en su ley de bienestar animal.

Algunos ejemplos de su inteligencia:

  • Uso de herramientas y planificación. Son de los pocos invertebrados que usan objetos pensando en el futuro. Algunas especies juntan cáscaras de coco o conchas vacías, las cargan bajo el cuerpo por el fondo marino y las arman como refugio portátil cuando aparece un peligro.
  • Juego y exploración. Muestran una curiosidad que va más allá de sobrevivir. En acuarios se les ha visto empujar una y otra vez objetos que no son comida contra un chorro de agua, como si jugaran.
  • Resolución de problemas. Aprenden a abrir frascos y cerraduras, resuelven laberintos, adaptan su estrategia según la situación y recuerdan las soluciones durante bastante tiempo.

México es uno de los principales productores de pulpo del mundo, y la mayor parte se captura en la península de Yucatán. Allí vive el pulpo maya, una especie que solo existe en estas aguas. Se pesca sobre todo con jimbas: varas de bambú que cuelgan de las lanchas con cangrejos como carnada, y cuando el pulpo abraza el cebo lo sacan del agua. En otras zonas también terminan en trampas y redes de arrastre.

Cuando se sienten atrapados, despliegan actos increíbles de supervivencia. Retuercen su cuerpo sin huesos para escurrirse por agujeros diminutos, destapan recipientes desde adentro y luchan sin descanso por volver al agua.

Cuando no logran escapar, muchas veces mueren asfixiados fuera del agua o golpeados contra superficies duras para ablandar su carne. Son prácticas crueles que muestran lo lejos que estamos de reconocerlos como seres sintientes.

Aunque son animales con una capacidad de sentir tan desarrollada, hoy enfrentan una nueva amenaza: las macrogranjas industriales de pulpos. En esta industria, algunas empresas han llegado a llamar “cosecha” a la matanza de estos animales. Pero los pulpos no son plantas ni cultivos: son seres vivos que respiran, sienten, sufren y quieren vivir en libertad.

Permitir la cría industrial de pulpos abre la puerta al hacinamiento masivo de especies que ya sufren la sobrepesca. Organizaciones europeas como Eurogroup for Animals, en su informe sobre los riesgos de esta actividad, advierten sobre impactos éticos graves:

  • Incompatibilidad biológica y hacinamiento. Son solitarios, territoriales y curiosos. Encerrados en tanques masivos sufren estrés extremo, conductas autodestructivas y canibalismo.
  • Desequilibrio ecológico. Alimentarlos en granjas exige capturar enormes cantidades de vida marina silvestre, lo que agrava la sobrepesca.

En México el pulpo aparece en cocteles, tostadas, pulpo a la diabla o a las brasas. Pero hasta las recetas tradicionales exigen procesos inusuales: “espantarlo” varias veces en agua hirviendo, congelarlo durante días o cocerlo por mucho tiempo para ablandar la carne.

Resulta irónico que un cuerpo tenga que pasar por tanta transformación solo para poder comerse. Quizás sea una señal para preguntarnos si un animal tan complejo debería estar en nuestro plato.

Celebrar el Día Mundial del Pulpo es una invitación a reflexionar sobre nuestra relación con el mar y con los seres inteligentes que lo habitan. Saber que compartimos el planeta con mentes tan distintas y tan complejas como la del pulpo nos invita a ver a los animales no como recursos u objetos, sino como seres sintientes con derecho a vivir libres y en paz.

En Love Veg creemos que un mundo más justo y compasivo es posible cuando dejamos a los animales fuera de nuestro plato. Cada vez que eliges una comida a base de plantas, haces un acto de amor y respeto hacia criaturas tan maravillosas como el pulpo.

Hoy celebramos su vida, su inteligencia y su derecho a seguir reinando en las profundidades. Por eso te compartimos estas recetas 100% vegetales, para que disfrutes el sabor de siempre sin dañar la vida marina:

Preparar esta botana es facilísimo, y el resultado es un plato lleno de carácter: el toque intenso del ajo, la frescura del sabor marino vegetal y ese aroma que invita a compartir.

Entremés

Ingredientes

  • 500 g de tallos de champiñones
  • ½ taza de cebolla morada finamente picada
  • ½ taza de apio finamente picado
  • 1 a 2 cdas. de sazonador al mojo de ajo
  • 1 cda. de sazonador sabor a mar (o alga nori triturada)
  • 2 cdas. de margarina vegetal, sin lácteos
  • Limones partidos, para servir

Preparación

En una sartén amplia, derrite la margarina, agrega la cebolla y el apio y sofríe un minuto sin dejar de mover. Añade los tallos de champiñones y el sazonador al mojo de ajo.

Cocina moviendo constantemente al menos 2 minutos, agrega el sazonador sabor a mar y mezcla bien. Prueba, ajusta la sal si hace falta y sirve caliente. Ponla al centro de la mesa con limones partidos y tu salsa favorita para compartir.

Colorida, abundante y perfecta para compartir, esta versión vegetal conserva el espíritu festivo de la paella, el plato más icónico de la cocina española, y a la vez ayuda a proteger los ecosistemas marinos.

Ingredientes

Para los “mariscos”

  • 250 g de champiñones grandes
  • 2 a 3 cdas. de sazonador al mojo de ajo
  • 2 a 3 cdas. de sazonador sabor a mar (o alga nori triturada)

Para el arroz

  • 2 tazas de arroz para paella tipo bomba (o arroz tipo Morelos)
  • ½ taza de perejil picado
  • 1 pimiento morrón rojo picado
  • 1 ½ cebollas finamente picadas
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1 taza de apio picado
  • Azafrán remojado en agua tibia, o ½ cda. de cúrcuma
  • Aceite de oliva extra virgen, el necesario
  • Agua, la necesaria
  • Sal y pimienta al gusto
  • 4 rodajas de limón amarillo

Preparación

En una paellera o sartén amplia, calienta ¼ de taza de aceite de oliva y agrega el ajo, la cebolla y el apio. Sofríe hasta que cambien de color y añade el arroz. Mueve de vez en cuando para que el arroz también se fría bien.

Agrega el pimiento morrón, mezcla y sofríe 5 minutos más. Vierte 5 tazas de agua, la sal, el azafrán y el perejil. Baja a fuego medio y tapa.

Mientras tanto, separa los tallos de los champiñones y córtalos por la mitad para simular las patas del pulpo. Corta los sombreros a lo ancho para formar aros que funcionen como calamares, y el resto en trozos medianos para que no se pierdan en la cocción. Pon todo en un recipiente y añade el sazonador al mojo de ajo y el sazonador sabor a mar.

Pasa los champiñones a una sartén muy caliente y saltea moviendo solo la sartén. Cocina un par de minutos, hasta que estén tiernos pero firmes.

Destapa la paella y, cuando el agua se haya consumido casi por completo, acomoda encima las rodajas de limón y los champiñones salteados. Cocina a fuego bajo hasta que se evapore el líquido y el arroz quede en su punto. Lista para servir y disfrutar.

Este caldo queda espectacular, y el sabor a mar se logra con alga nori. Es la prueba perfecta de que podemos seguir disfrutando de nuestros platos tradicionales y reconfortantes en su versión 100% vegetal.

Ingredientes

  • 1 kg de setas (setas, portobello o variadas)
  • 1 cebolla grande
  • 2 dientes de ajo
  • 1 kg de jitomates maduros
  • 8 chiles guajillo
  • 2 a 3 cdas. de sazonador sabor a mar (o alga nori triturada)
  • 2 tazas de zanahoria en cubos
  • 2 tazas de papa en cubitos
  • Aceite de oliva extra virgen
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • Limón, aguacate y bolillo o tostadas para acompañar

Preparación

En una sartén amplia, dora las setas con un chorrito de aceite de oliva y un poco de ajo finamente picado hasta que tomen buen color, y reserva. En una olla grande, sofríe la cebolla picada con el resto del ajo y los jitomates picados hasta que estén bien suaves.

Limpia los chiles guajillo quitándoles el tallo y las semillas, hiérvelos unos minutos para hidratarlos y licúalos con un poco de esa misma agua y el sazonador sabor a mar. Cuela la mezcla, agrégala a la olla con el sofrito e intégrala bien.

Añade 1 ½ litros de agua, la zanahoria y la papa, y deja hervir a fuego bajo 20 minutos, hasta que las verduras estén suaves. Prueba y ajusta la sal, la pimienta o el alga nori según cuánto sabor a mar quieras.

Incorpora las setas reservadas, deja hervir todo junto 5 minutos más, apaga el fuego y sirve bien caliente con jugo de limón, rebanadas de aguacate y bolillo o tostadas.

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